EDITORIAL


La investigación científica es una actividad que incide significativamente tanto en la calidad de vida actual como en la futura y aporta al desarrollo social y económico del país.

Al cumplirse el Bicentenario, la Argentina enfrenta uno de los desafíos más profundos y apasionantes de su historia: pasar de una economía basada en la producción y exportación de recursos naturales, a un modelo capaz de agregar valor a esos recursos, incorporando el eje constituido por la ciencia, la tecnología, la innovación y emprendimientos, en cada una de las dimensiones de la vida del país.

Es necesario impulsar la investigación científica en todas las disciplinas del saber y desarrollar la aplicación de ese conocimiento en nuestras empresas. Crear nuevos materiales y productos, perfeccionar los procesos y formar los investigadores y profesionales que las instituciones académicas y el sector productivo requieren en esta nueva etapa.

Esto plantea enormes desafíos para NOTICONGRESO. Incorporar estos temas a la política e insertarse en redes mundiales. Tanto el aparato interior como el exterior deben ser parte de este esfuerzo, nuestras embajadas y consulados deben ser puntos de apoyo y tejido de redes, y nuestros políticos y diplomáticos elementos dinámicos para construir relaciones.

Necesitamos agregar valor, a través de los apartes de la investigación científica y tecnológica, a los procesos productivos que el país necesita para su desarrollo. Esto trae aparejado la necesidad de potenciar la formación del capital humano avanzado y fomentando el desarrollo de cada una de las etapas, es decir, desde la educación básica y media, pasando por el Grado y el Posgrado, para finalizar en el proceso de inserción en la Comunidad Académica o en el sector productivo y público.

El fortalecimiento de las Ciencias Sociales y las Humanidades representan un elemento clave para que el país desarrolle una visión de sí mismo y de su rol en el concierto internacional. De este modo, el apoyo a estas áreas de la investigación permite incorporar conocimiento e innovación en las políticas públicas, en ámbitos de investigación como Educación, Salud, Vivienda, Empleo, Género y Cultura. Es necesario mantener conectados a nuestros estudiantes y empresarios con su país, en sus intereses y anhelos.

Los avances son significativos y las tareas que se nos imponen son también importantes. Estamos seguros que, al cumplir 200 años de vida, nuestro país puede enorgullecerse del trabajo que han realizado sus científicos e investigadores. A partir de su trabajo, la ciencia nos ha mejorado la calidad de vida, aportando para construir un país más próspero y valorado en el contexto internacional.-

Ernesto Martinchuk

El conocimiento como factor de producción

 

La historia comienza hace unos cincuenta años, cuando aparecieron pensadores clásicos que admitieron la necesidad de tener en cuenta los saberes como determinantes de la producción.  Como primera medida, diferenciaron el trabajo calificado de aquel otro sin formación. Más tarde, con reservas, terminaron hablando del conocimiento y la tecnología, como un componente independiente, cuya presencia es condición necesaria para viabilizar un emprendimiento.

La teoría necesita que los factores parezcan independientes, aunque la realidad del capitalismo globalizado haya establecido que este sea el factor hegemónico y, por lo tanto, la presencia y la retribución relativa no sea fruto de infantiles equilibrios teóricos entre oferta y demanda, sino simplemente determinado por el poder del capital.

Las políticas públicas que apunten a hacer viables mayores niveles de justicia social deben necesariamente tener en cuenta esta clara hegemonía actual del capital y deben tratar de condicionarla y contrarrestarla.

El primero de los planos del conocimiento productivo posible, es el reclamado habitualmente por los empresarios es la llamada “mano de obra calificada”. Como una más de las tantas ratificaciones de la hegemonía casi brutal del capital en la sociedad moderna, se espera que el Estado sea el encargado de formar técnicamente a los asalariados industriales y se señala, por caso, el deterioro de las escuelas técnicas, como una exclusiva responsabilidad pública. Esta es una más de las discusiones pendientes, sobre socialización de esfuerzos que luego tienen apropiación individual.

Un segundo plano es el del saber abarcador, el “saber cómo” producir un determinado bien. Este constituye la esencia del factor de producción conocimiento. Las grandes corporaciones multinacionales atesoran estos saberes y desarrollan componentes en sus propias unidades de investigación, los complementan con acuerdos con universidades u otros centros de creación intelectual y ponen bajo siete llaves de patentes todo logro final. Saben del valor agregado y su importancia.

Si el país aspira a construir libremente mejor calidad de vida general, debe cada día generar mayor cantidad de conocimientos productivos que estén a disposición de la comunidad. Desde las industrias más simples hasta las de mayor complejidad, y teniendo en cuenta a las Universidades y Escuelas Tecnológicas, no habrá forma de reducir el poder hegemónico del capital que no esté asociada a conseguir que cualquier ámbito social pueda disponer de conocimiento productivo. Este tendrá que poder ser incorporado al tejido social, sin depender sólo de la vocación de algún inversor por comprar ese conocimiento en algún otro lugar y luego “generar empleo” donde se le ocurra.

Esta es una responsabilidad pública. La formación de técnicos y profesionales no puede estar orientada centralmente a proveer trabajo técnico al capital. En todo caso, esa debe ser sólo una opción. Los otros caminos deben incluir tanto a las universidades como a los organismos del sistema de ciencia y tecnología argentino, con una mirada pensada hacia el futuro.

El conocimiento, debe convertirse en un factor independiente del desarrollo nacional- No debe ser  un elemento subordinado que se aporta por demanda a quien lo incorpore a una ecuación de costos de la casa matriz o con los de importar los bienes terminados desde Oriente. Es importante para el país que los casi mil científicos repatriados sociabilicen el conocimiento, a partir de más y más patentes marca Argentina inscriptas en el mundo.-

Ernesto Martinchuk

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