Integración regional: el Mercosur y el Pacífico

Se desarrolló en el Anexo A de la Cámara de Diputados,  una charla debate sobre “Integración regional: el Mercosur y el Pacífico”. A continuación trascribe la disertación llevada a cabo por  el Parlasureño Alberto Asseff.

La evolución de nuestro planeta desde el Renacimiento a la fecha -para no irnos a tiempos prehistóricos-, muestra cómo se ha ido produciendo la traslación del centro, por lo menos desde el punto de vista occidental, que era el Mediterráneo, y pasó a ser el Atlántico con el descubrimiento de América. El eje geopolítico y geoeconómico del planeta ahora está en el Pacífico. Quiero ser moderado y no creer que somos la única realidad del mundo. La realidad  está mostrando por qué no lo somos, porque ahí tienen al Asia, a China, a la India, a los países del Oriente Lejano. Sin omitir a Japón y Corea, dos potencias.

Entonces, estamos presenciando cómo esa traslación se corrió  hacia el Pacífico. ¿Por qué? ¿Qué pasa? Los océanos -lo enseña la geopolítica- no son separadores, disociadores. Los océanos son el tejido conjuntivo de los pueblos. Porque al existir el Mediterráneo, pudo existir Fenicia, pudo existir Venecia, Génova y pudo existir el comercio. La grandeza de esos pueblos hace que todavía perduren en  la historia, a  pesar de que algunos, como los fenicios, presuntamente han desaparecido, aunque  en realidad sus herederos, los libaneses y los sirios, han mantenido la impronta comercial. De ahí la situación milagrosa del Líbano, por ejemplo, que tiene guerra, tiene muerte, tiene confrontaciones facciosas, religiosas y de pronto viene la paz y en seis meses renace sin inflación con una economía poderosa.  ¿Por qué? Porque esa vitalidad del comercio es la que da la fuerza para poder sobrevivir en una situación incluso hostil.

No quiero seguir desviándome. Cuando hablamos de estos tres pueblos -Fenicia, Génova y Venecia-  y del poderío que alcanzaron, bueno, todos sabemos que son los que llevaron, a través del comercio,   la civilización por toda la zona, incluso el mediterráneo africano,  es decir, el norte del Africa. Y aquí estamos hablando de algo importante: que no es encerrándose o aislándose que se logra potencialidad y prosperidad. Lo enseña la historia.

Cuando se habla de comercio exterior, no se está hablando de una abstracción o de una cuestión que no le toca a Pedro, Juan o Sancho. No. Es el posible empleo de Pedro, Juan y Sancho,  con un aditamento: el posible empleo  bien pago, porque tiene valor agregado, porque en definitiva quien paga ese alto salario es el comprador, consumidor extranjero. Por eso que es importante un comercio exterior bien manejado, con una idea de equilibrio y no que se venda de todo y no se compre nada -por supuesto, esto no existe- o que se haga un tratado de libre comercio que arrase con la industria nacional, con el solo fin de decir: miren la libertad de comercio que tengo. Todo tiene que tener su equilibrio en la vida.

Esto lo digo porque en esta situación del Mercosur y el Pacífico se ha producido la introducción de otro falso dilema. En la Argentina estamos mal acostumbrados  a meter en los debates falsos dilemas que son neutralizadores de energía y desviadores de ideas creativas o iniciativas emprendedoras. Por ejemplo, si yo quiero justicia social y aparece que la opongo al  libro y ahí surge el horrible libros o alpargatas, libros no alpargatas sí. En ese momento histórico nos entreveramos en una cosa estrafalaria y estéril que, por supuesto, responde a un clima social determinado. Pero nosotros no nos podemos dejar llevar por un clima social determinado; tenemos la obligación de sobreponernos a esa falsa disyuntiva y decir: queremos alpargatas con libros, queremos educación para todos y no que haya una disociación entre educador y analfabeto, que es una locura. Locura que se produce en determinado momento de la historia y que es hasta explicable. En ese caso había una explicación de tipo social muy importante, pero  no puede ser que la repitamos cada vez que hay un dilema o un trance, una situación crucial, una encrucijada para la Argentina.

Ahora, lo dijo  muy bien Pascual, ¿cuál es la encrucijada? El Mercosur tiene un cuarto de siglo y está literalmente atrancado. Entonces, o pasamos a un nuevo ciclo dinámico, creativo  que verdaderamente marche hacia la integración o va a haber inconvenientes siquiera para poder mantenerlo. El momento bisagra es ahora. Y en ese momento bisagra aparecen dos posiciones que no  deben extremarse ninguna de las dos y no deben desembocar en un falso dilema de si vamos al Pacifico y presuntamente entonces vamos a un país desindustrializado o si nos mantenemos en el Atlántico y preservamos nuestra protegida industria. No es así, de ninguna manera. Primero de todo, los países del Pacífico que mencionó Pascual, uno de ellos es industrializado y más que nosotros: México. Entonces, no podemos esquematizar, simplificar diciendo que los países latinoamericanos del Pacífico son comerciales y por eso hacen acuerdos de libre comercio, como Chile, que tiene 62 tratados  con todo el mundo, porque como no tienen industria que defender, lo pueden hacer. ¿Y  México, entonces, que es un país industrial? Es un esquema simplificado y falaz. Además, la idea no es que nosotros vamos a ir atados de pies y manos a un acuerdo con los países del Pacífico para ir juntos a liberar el comercio mundial.

Todos sabemos que el comercio mundial libre es una quimera y no rige en parte alguna del mundo, salvo algunos avances notorios que ha tenido la zona de integración europea y algunos desarrollos que puede haber en la zona norteamericana, sobre todo Norteamérica y Canadá. Pero los Estados Unidos, Francia y en general todos los países tienen un alto grado de proteccionismo. Fíjense que nosotros para conseguir que los limones de Tucumán entren a Estados Unidos, tuvimos prácticamente que rogarle a Obama en la última visita  antes de irse,  que por lo menos resolviera este tema. Cuestión que aún hoy sigue sin concretarse. El proteccionismo francés es impresionante, para resaltar un caso relevante.

Nadie habla del esquema falso, falaz, engañoso de que si vamos al Pacífico, vamos al libre comercio y si nos quedamos acá estamos protegiendo nuestro trabajo. Tenemos que hacer una tarea inteligente que nos permita no solamente proteger nuestro trabajo sino ensancharlo, darle más horizonte, más empleo a los argentinos. Cuando Pascual en su exposición pone una nota clave hablando de la reconfiguración arquitectónica de la Argentina, ¿qué quiere decir? Que nosotros arquitecturamos una Argentina que  empezó de una manera y terminó de otra y que si ahora la queremos proyectar al nuevo ciclo histórico, la tenemos que reformular, así como ya se reformuló en el pasado y no para bien, por lo menos no para el bien  del todo. Ahora tenemos que hacer una reformulación para corregir  lo que es notorio que se ha producido, como anómalo, un resultado distorsionador. Una Argentina desequilibrada, dispar.

¿Cómo nace la Argentina? Con tres corrientes: la del Pacífico, la del este y la continental norte. La corriente del Pacífico se puede vincular con la continental, porque en definitiva es un desgajamiento de la misma corriente que vino cruzando por Panamá; los españoles entraron hacia el sur, vinieron al Perú, de Perú fueron a Chile y de Chile a lo que hoy es la Argentina; y de Perú a lo que es hoy Bolivia y de ahí se fue formando la Argentina originaria. A esto se le sumó la corriente del este, que es la que viene navegando buscando –al igual que la que va de Perú hacia Bolivia actual- la fuente de plata,  en definitiva con la mira en Potosí, que era donde estaba la mina de plata más fabulosa. A Europa había llegado la noticia de que acá estábamos llenos de plata. Por eso es que la Argentina se llama plata, el país de la plata, argentum.

La corriente más vital no fue la del este, sino que fue la del norte y la de Chile, que fundó todas las ciudades andinas y todas las ciudades centrales de la Argentina, que además tenían un poder mucho mayor que Buenos  Aires en el siglo 17. ¿Pero  qué ocurre? Alguien lo dijo: en Estados Unidos, el norte le ganó al sur y en la Argentina, el sur le ganó al norte. El norte era la región de la incipiente industrialización con trabajadores libres; el sur era el que estaba ligado a la esclavitud y al trabajo del algodón, a la industria naciente de Gran Bretaña, estaba más ensamblado o encastrado en la economía de Europa, especialmente la inglesa. El norte tenía la idea de autosustentarse. Y ganó el norte. En la Argentina en cambio  ganó el sur y el sur era el que estaba vinculado al comercio exterior y a las nacientes manufacturas inglesas; para el sur ganador era una ‘bendición’ cuando llegaba el barco con los productos ingleses. Los productos ingleses eran la moda y, además, un gran negocio para los comerciantes. Por eso es que los comerciantes ingleses se establecieron en Buenos Aires y tuvieron influencia en la política. Ese comercio fue segando a las artesanías y telares del norte patrio porque no pudieron competir con las mercancías británicas y para colmo el contrabando fue devastador.

Nuestra tarea estratégica es pensar, prever, hacer pensamiento político, además de política activa y cotidiana, que no es fácil hacer las dos cosas a la vez. No  nos quedamos en la academia, nosotros vamos al ruedo con alguna idea que surge del pensamiento para tratar de hacer la convergencia, hacer una política buena de verdad. De lo contrario, estamos en más de lo mismo. Pensamiento como preludio de la acción. Acción no con improvisación, sino con estudio previo.

Washington Reyes Abadí, historiador uruguayo y amigo nuestro, decía que hay que ir a la historia. En la calle del Cristo, hoy Reconquista, había un club inglés que reunía a los comerciantes ingleses de Buenos Aires, que eran -vuelvo a repetir- los más influyentes económica y socialmente de aquel tiempo, salvo las peñas sociales como la de Mariquita Thompson, que obviamente también tenían influencia, lo mismo que la jabonería de Vieytes.  Pero el club inglés tenía un poder indudable y, además, mucha economía. Por ejemplo, los nombres de todos los miembros de la Primera Junta pasaron por la elaboración y aprobación del club inglés, salvo uno solo: Cornelio Saavedra, nacido en Potosí, justamente en la tierra adentro de la Argentina histórica, siendo el primer residenciado, es decir, el primer político enjuiciado en la Argentina. No es casual que haya sido así.

La reformulación de la Argentina de cara al futuro requiere volver a las fuentes, a ese Norte fundador y luego relegado y también hacia el Pacífico, al que le dimos la espalda.

En 1876 nosotros todavía estábamos con la zanja de Alsina. Porque esto que estamos hablando es un tema geopolítico y geográfico básicamente. Cuando Pascual se refería a eso de la reconfiguración, estaba hablando de que hay que volver al país continental andino, que tiene también su vínculo con el este atlántico y fluvial. No vamos a entrar ahora en la disyuntiva de decir “me olvido de Buenos Aires, me olvido de Santa Fe, porque quiero los Andes, quiero el continente. No, no me olvido de nada, pero hay que reconfigurarlo demográficamente. Ahí es donde viene la política demográfica que hay que hacer en la Argentina  -de la que nadie habla- y el vínculo con las economías regionales. Una economía regional que empiece a ver que el Pacífico está más cerca que el Atlántico y que el Pacífico es un desafío al que la Argentina quiere llegar, porque es la posibilidad de una vitalización real y no sólo por los beneficios, las promociones, los incentivos fiscales, etcétera,  para tener otro horizonte comercial. Por el Pacífico las economías regionales podrían exportar reduciendo un tercio sus actuales costos comerciando por el Atlántico. En este plano es importante que desde cabril esté funcionando nuevamente, luego de diez años de parálisis, el Transandino del Norte por Socompa que permite usar los puertos de Antofagasta y Mejillones.

La Argentina nació del Pacífico y está a sólo 16 kilómetros. ¿En dónde está la Argentina a 16 kilómetros del pacífico? Allá en el sur, en Río Turbio donde está la mina carbonífera y no hay frontera andina. Porque los Andes están en el Pacífico – en Paine -y nosotros nos retiramos en 1890 de Puerto Natales. Esto nadie lo recuerda. La bandera argentina  fue la primera -vamos a decir, del nuevo mundo, porque los indígenas no tenían bandera, pero vamos a suponer que sí- que se enarboló en Puerto Natales y el que la enarboló fue el capitán Moyano. ¿Por qué? Porque por el tratado de 1881 entre el presidente  Roca con su ministro Bernardo de Irigoyen y el presidente chileno firmaron y arreglaron que los límites eran las altas cumbres que  dividían las aguas. Y las altas cumbres que dividen las aguas en esa zona están en el Pacífico en forma de islas. De ahí que nosotros llegábamos al pacífico y de este lado del Pacífico teníamos soberanía por el tratado. Pero la Argentina benévola, generosa por demás, firmó el protocolo de 1893 donde se puso  la cláusula: Chile en el Pacífico y Argentina en el Atlántico. De esta manera nos retiramos de esa parte del Pacífico que nos correspondía.

Cuando llegó el momento de dirimir la cuestión de las tres islas del Beagle- Picton, Nueva y Lennox -, allá por l974, 1975, 1976 nosotros decíamos que las tres islas están  en el Atlántico, por lo tanto nos corresponden. No hubo caso, las tres islas quedaron para Chile y no tuvieron ninguna generosidad. Es más, el señor Pinochet dijo: para la Argentina ni una maceta de tierra. Por lo tanto, tuvimos que aceptar, aunque yo personalmente luché mucho contra eso.

Volviendo al tema, mientras en 1876 nosotros estábamos con la zanja de Alsina,  tratando de hacer pie en Puán, en Pigüe, en general Lamadrid, o sea, para decirlo de una manera más genérica, más conocida, en la Sierra de la ventana,  para esa fecha Estados Unidos ya había comprado Alaska.

Ahora, ¿por qué unos señores del este norteamericano -Washington está en el este norteamericano, así como Buenos Aires está en el este argentino-, 70 años antes de que nosotros estuviéramos tratando de ver cómo trasladábamos la frontera de media provincia de Buenos Aires para avanzar un poquito, ellos ya estaban en Alaska. ¿Cuál es la diferencia? La primera gran diferencia -y no quiero extenderme mucho en esto- es que los hombres del pueblo  norteamericano, con un gran emprendimiento, iban en busca de la nueva frontera, no tanto en Alaska, pero sí en todo el resto, es decir, todo lo que es Texas, Nuevo México, Arizona, Colorado, California, Oregón. Para conseguir el objetivo, primero iban los norteamericanos como inmigrantes y después estos llamaban al ejército norteamericano. Nosotros, en cambio, no tuvimos esa vocación por la frontera a nivel de los pueblos. Solamente tuvimos el ejército que fue abriendo la frontera, pero sin el respaldo previo del pueblo argentino, que en vez de ir hacia la frontera, se replegaba en el este, con una clase dirigente más interesada en Europa que en la ierra adentro del país.

Brasil, que es nuestro socio estratégico, hizo lo mismo. Nunca ocupó una tierra sin la previa presencia de los brasileños que habían llegado antes usurpando y desplazando a los nativos o invadiendo. Hasta el día de hoy lo hacen en la zona boliviana y en la zona norte del Paraguay, con una vocación por ir a lo que no tienen. A pesar de todo lo que tienen, ellos están buscando los ríos, las articulaciones geográficas.

Cuando los norteamericanos se quedaron primero con Florida y luego con Texas y Nuevo Méjico, hicieron una compra especial. ¿Y saben qué compra le hicieron a México? Con un cheque por 5 millones de dólares (Alaska la compraron por 8 millones de dólares)  compraron una franja ribereña del golfo de Méjico porque  hicieron el cálculo -y no sé porqué aquí nunca a nadie se le ocurrió hacer política con el mapa a la vista- de cuál era el tramo más corto para llegar al Pacífico, construir un ferrocarril y así poder lograr más fácilmente lo que estaban buscando, en vez de hacerlo en la costa central de los Estados Unidos. Por eso después hicieron lo de Panamá. Porque cuando consiguieron segregar a Panamá de Colombia, construyeron el canal y resolvieron el problema.  Siempre hicieron geopolítica, incluso hasta el día de hoy.  Y geopolítica es lo que estamos proponiendo cuando decimos Mercosur y Pacífico; ningún dilema, ninguna  “o” sino la “y” copulativa: Mercosur y Pacífico. ¿Qué hay que negociar mucho? Por supuesto que hay que negociar mucho, que hay que trabajar intensamente, indudablemente.

Lo último que quiero decir es acerca del muy bien recordatorio que hizo Pascual respecto de  una frase de Perón, sobre todo cuando tuvo la luminosa idea del ABC que, entre paréntesis, fracasó porque le hicieron la vida imposible a los presidentes Ibáñez y  Getulio Vargas.  A ellos le hicieron la vida absolutamente insoportable, irrespirable. Porque, en definitiva, lo que se firmó fue la confederación, la idea de marchar hacia una confederación política. Pero esto tiene raíces históricas. Cuando el conde de Floridablanca y otros consejeros del rey Carlos III aconsejaron contener el avance portugués en América del Sur creando un gran virreinato nuevo desgajándolo de Perú, en el mapa -porque trabajaron con un mapa- incluyeron el carácter bioceánico. Pero además, la primera intención fue que la Capitanía de Chile, que era autónoma respecto del virreinato de Lima, se incorporara directamente al virreinato nuevo del Río de la Plata, que en todo caso se podría haber llamado Virreinato del sur, para darle una connotación más amplia, porque Río de la Plata lo constriñe mucho. Por eso cuando se declara la independencia no se habla de las Provincias Unidas del Río de la Plata  sino de América del Sur. Esta es una genialidad geopolítica de los que declararon la independencia hace 200 años, de la cual tenemos que asirnos porque fue una gran visión. No dijeron que declaraban la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata sino de las Provincias Unidas de América del Sur.

Ahora, cuando la Capitanía ya estaba casi adentro del virreinato, viajaron rápidamente a Madrid los vascos, los comerciantes chilenos a decir que no; hicieron lobby y consiguieron que el rey los dejara afuera del virreinato.  Pero no los dejó afuera del virreinato  sin dejarnos a nosotros el Pacífico. Porque nos dejó el Pacífico al norte, en Antofagasta, y nos dejó el pacífico al sur del río Biobio. La dejó encapsulado a la capitanía.

Por último, fíjense una paradoja. El otro día vi por televisión que el periodista Markevic -que trabaja en un  buen programa denominado “En el Camino”- entrevistaba al profesor Lazzari, quien en un momento dado dijo que desde ese tiempo al día de hoy lo que hizo San Martín en el cruce de los Andes -que en febrero de 2017 se cumplen 200 años-, fue la operación más grande de la historia. No la hubo en Norteamérica. Y la paradoja, entonces, está en que en Norteamérica no hubo un movimiento militar tan memorable, apenas hubo la llegada de unos colonos, que después fueron avanzando ensanchando el territorio y traqzando los ferrocarriles y arrebataron medio México, pero no hubo ninguna epopeya fundamental, salvo la guerra contra Mxjico en 1845. San Martín cruzó los Andes y no consiguió siquiera un acuerdo de confederación. Puede ser que San Martín sabía muy bien donde estaba parado y no se quiso meter. Bueno, yo sé lo qué pasó o creo saber.  San Martín nunca tuvo respaldo de Buenos Airespara hacer eso. Entonces, ahí viene la clave. Si en el este, acá en Buenos Aires, le decían: usted vaya allá y el Pacífico adentro, pero no adentro nuestro sino adentro para el conjunto, que eso es lo que hay que entender. Seguramente San Martín respaldado políticamente habría obrado distinto. Pero dejemos la ucronía para otro día.

Alguna vez se lo dije a los hermanos orientales  uruguayos en una conferencia que di en Montevideo: la Argentina perdió a Uruguay,  pero, ojo, entiéndanlo bien, Uruguay perdió a la Argentina. Entonces, hay que verlo desde los dos costados. Este es, como bien dijo  Kiper en la presentación, el sueño de la patria grande bajo otra forma, la patria grande moderna, la patria grande que tenga un horizonte ensanchado para los pueblos, más trabajo para los argentinos, más trabajo para los sudamericanos, más valor agregado, más intercambio, más conexión, menos conflicto y más soluciones. En definitiva, es pensar lo mismo que supongo dicen todos los políticos, como nosotros: que queremos lograr la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación en el sentido más amplio del término y por la vía de no omitir una de las primeras políticas que es la exterior.

Cuando ustedes vean que en un espacio político no se habla ni jota de política exterior, malicien -como dicen en el campo- de que ahí no están bien rumbeados. Quien no entienda que los modelos – sobre todo en este tiempo, pero en todos los tiempos- tienen también que contemplar la realidad regional y mundial para poder ir acomodando los melones en el carro, no comprende que la política exterior, aunque sea más abstracta, más lejana, es un instrumento fundamental para asegurar eso que estamos diciendo reiteradamente: el trabajo de la gente. Por ejemplo, nosotros ahora -y lo digo para que no se piense que nos olvidamos del título de esta Jornada- tenemos que ir al Pacífico, pero con una plataforma marítima ensanchada en el Atlántico. Es decir que todavía tenemos para desplegar poderío en una parte asegurando a esta plataforma que yo llamo “Pampa Mojada”. Porque esta plataforma finalmente es de América del Sur. Y por esa vía, incluso, vamos a recuperar las Malvinas. ¿Por qué? Porque en la medida que se fortalezca, se integre la Región, las Malvinas naturalmente van a terminar reintegrándose. Es el camino más indirecto, pero el más cierto para conseguir el objetivo.

De manera que nosotros somos muy partidarios del diálogo que se estableció con el Pacífico, que la Argentina sea observadora en la Alianza del Pacífico. No creemos, para nada, que sea la solución inmediata de todos los problemas; tampoco creemos que haya que descuidar ningún interés nacional. Todo lo contrario. El interés nacional guiado, examinado y estudiado nos permite comprender que en el Pacífico tenemos perspectivas de más actividad, de más comercio, de llevar más y mejores productos con valor agregado nuestro. Y es ahí donde tendremos que saber negociar. Si los chinos dicen que quieren la soja, pero no quieren que le elaboren ni un gramo de esa soja, no quiere saber para nada que le manden aceite, bueno, nosotros tenemos que decirle: mire, señor, si usted se maneja de esa manera vamos a tener problemas. Si mi retaguardia no la tengo bien asegurada, estoy a merced de los intereses de los otros. Ahí radica una de las claves virtuosas de la integración sudamericana: nos fortalece y potencia.

Termino con esto. Si yo necesito que ellos me manden yuanes para equilibrar las cuentas, ellos después ponen condiciones. Si tengo 350 mil millones de dólares y nada más que la mitad -por decir algo- confía en el país y retorna, amengua o desaparece la necesidad de yuanes chinos, puedo ir a hablar con los chinos en otros términos. Así que depende de nosotros, amigos. Si queremos otro país, depende de nosotros- Por supuesto de la dirigencia que engendremos. Porque si engendramos dirigentes que están en otra cosa, nunca va a haber soluciones. Si engendramos dirigentes que tienen ideas viejas o anteojeras, tampoco va a haber soluciones. Lo contrario es engendrar  dirigentes que tengan otras perspectivas, otras miradas, otros alcances y que generen confianza, porque esto es como un ida y vuelta, lo que generamos bueno, vuelve bueno al seno del pueblo y el pueblo le devuelve bondad y confianza. Y en ese juego de confianza, la Argentina se potencia, porque tiene todas las condiciones para, con un buen rumbo, conseguir objetivos muy grandes.

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