Zona Económica Especial para el Norte argentino

El diputado argentino del Parlasur, Alberto Asseff, nos ha remitido una nota de opinión, donde relaciona la Zona Económica Especial (ZEE) llevada a cabo por China y su  adaptación al “Plan Belgrano”, involucrando a un gran polo de desarrollo en el olvidado Gran Norte Argentino.

  Hace treinta y ocho años la economía china estaba devastada por el populismo ínsito en la llamada “Revolución Cultural” impulsada por Mao. A la sazón nosotros estábamos en pleno gobierno dictatorial que combinaba dos factores letales: la represión ilegal del flagelo terrorista y la sobrevaluación del peso, como modo de sofrenar la inflación, con sus secuelas de fumigación de la industria nacional y de “plata dulce” o “déme dos”, con una oleada de turismo de compra sobre todo a Miami. Nuestra política y economía drenaban en lugar de fortalecerse.

  En 1978 se encumbró en China Deng Xiaoping, un histórico reformador, que transmutó un país hundido en la segunda economía del planeta, con miras de llegar al primer lugar del podio en quince o veinte años ¿Cómo? Creando las Zonas Económicas Especiales en las provincias costeras del Mar de la China, próximas a Hong Kong y Taiwan, los dos territorios chinos con economía de mercado. El primer objetivo de esas ZEE fueron los millones de emigrados que prosperaban en Filipinas, Tailandia, Malasia, Singapur, Indonesia y también en Europa, África, EE.UU.,  incluyendo a Brasil y la Argentina. Porque debe resaltarse que el primer inversor ‘extranjero’ directo en China es la emigración propia. Emigración que acumuló capital y experiencia de administración o de emprendorismo, esencial para que funcione el mercado.

  Deng ejecutó así el plan de una economía de dos velocidades, en el contexto de un régimen político fuerte. En las ZEE, libertad. En el resto del país, el sistema colectivista y estatista. Paulatinamente este último se va reformando en la medida de que la economía de prosperidad lo posibilita.

  Las dos velocidades fueron el factor realista que impuso Deng. En un país de 1.400 millones de habitantes el procedimiento shock está vedado. En rigor, en cualquier sociedad ese método puede ser mortífero y contraproducente. Por eso, habilitó la libertad económica en las zonas con más vitalidad, preservando y protegiendo temporariamente  a las más atrasadas. Evitó conmociones sociales e impactos nocivos.

   Nosotros en esas casi cuatro décadas fuimos y venimos y literalmente estamos estancados, agobiados por un hiperregulacionismo, una corrosiva corrupción sistémica y una descomunal fuga de capitales y de cerebros. Y por una ausencia de una mínima dosis de patriotismo. Nuestro Deng, si existe, está oculto, no sabemos si en alguna de las grandes urbes o en un paraje semi rural. El reformador – en verdad, el movimiento de tal orientación – no emerge, aunque la inmensa mayoría es consciente – lo exprese o lo emboce – de que no tenemos otro rumbo que el de cambiar.

 El modelo de la ZEE le calza al Norte Grande y al flamante y aún nonato ‘Plan Belgrano’ de reparación histórica para la Región fundadora del país.

  Con prescindencia del radio de 50 kilómetros de las ciudades capitales – Posadas, Corrientes, Resistencia, Formosa, Salta, S.S. de Jujuy, S.F. del Valle de Catamarca, S.M. de Tucumán y S. del Estero- todos los emprendimientos privados que se emplacen en la gran Zona gozarán de una desgravación del 50% en todos los tributos, con otros estímulos para la reinversión de ganancias y para I y D –investigación e desarrollo. La manufacturación in situ de las materias primas también será premiada. Cuanto más empleo nuevo, menos alícuotas tributarias. El Estado nacional, articulado con los provinciales, ejecutará las grandes obras transformadoras: el FFCC Belgrano Cargas, el dragado de la hidrovía desde Reconquista hasta Asunción, el segundo puente Resistencia-Corrientes, el puerto de Barranqueras – deberá llegar a ser el Rosario del Norte -, el desarrollo de Puerto Iguazú y de la frontera seca de Misiones, el potenciamiento turístico de la Quebrada de Humahuaca – enlazada en un circuito con Titicaca y Cuzco- para venderle al mundo una atracción espectacular. Es hora también del Bermejo y del Gran Tarija, con sus canales – de navegación, abaratadora del transporte, y de irrigación – y sus represas de Zanja del Tigre, Cambari, Las Pavas, en estrechos acuerdos con Bolivia, con la mira de que Tarija y Santa Cruz de la Sierra se asocien e integren en esta irrupción del Norte en la modernidad.  Las Comisiones de la Alta Cuenca del Bermejo – COBINABE – y del propio río en su tramo argentino – COREBE – llegó la hora de que se integren en un solo haz a la ZEE apeándose del burocratismo que las ha anulado, cual árbol seco, pero oneroso. Y los tres corredores bioceánicos – San Francisco, Sico y Jama -no serán solo de tránsito, sino esenciales para que la gran Región ensanche su horizonte.

  Las cadenas de valor deberán estar en la prioridad del modelo productivo. Los productos ya no serán estrictamente ‘salteños’ o ‘chaqueños’, sino norteños, abarcando una articulación con el sur y el llano boliviano y con todo el Paraguay.

 La ZEE crecerá en población, en PBI per cápita, en valor agregado al trabajo, en prosperidad general. La electricidad y la infraestructura facilitarán ese despegue productivo. Los incentivos fiscales surtirán el efecto de apalancar el desarrollo y atraerán a miles de pymes con sus emprendedores a la cabeza. El empleísmo estatal parasitario será como  una pesadilla olvidable.

    Una Argentina reequilibrada, con un Norte robusto, tendrá mucho más horizonte, incluyendo las fortalezas espirituales – siempre se requiere actitud – y materiales, para aprovechar racionalmente los más de 6 millones de km2 de llanura marítima que la ONU acaba de reconocernos.

  Y una economía que logre zafar – esperemos que para siempre – del espejismo del Estado-interventor – que se mete en todo y hace zafarranchos por doquier – para dar lugar al Estado controlador, pero siempre alentando la iniciativa del pueblo, reconociéndole definitivamente su mayorazgo, sepultando la paradójica y nefasta idea de que es un niño al que habrá que llevarlo de la mano de por vida.

 La ZEE del Norte es la oportunidad para soltar las riendas al país, con un modelo que apuesta a salir de la mediocridad y decadencia. Una reforma para el progreso, ese que una y otra vez se nos escurre.

Alberto Asseff

Dip.nac. (m.c.) y diputado del Mercosur

www.unirargentina.org

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