El río Paraná contaminado con Glifosato

Una investigación concretada por científicos del CONICET detectó altas concentraciones del herbicida sobre todo en los afluentes que proliferan en la zona sojera. El río Luján, el más contaminado. La OMS estableció un vínculo directo entre el cáncer y el herbicida que inventó Monsanto.

La cuenca del río Paraná, considerada la segunda más importante de Sudamérica detrás de la que comprende al Amazonas y con desembocadura en el Río de la Plata, está altamente contaminada con el herbicida glifosato o AMPA, metabolito originado de su degradación.

A esa conclusión arribaron científicos argentinos en un estudio al que este autor accedió en exclusiva, y que en julio de 2016 fue publicado por la revista internacional Environmental Monitoring and Assessment.

El trabajo, que lleva la firma de, entre otros, Alicia Ronco y Damián Marino, investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y la Universidad Nacional de La Plata, expone que el Paraná recibe una carga contaminante de sus afluentes sobre todo en las zonas donde se realiza agricultura intensiva mediante la fórmula que combina semillas transgénicas, agroquímicos y siembra directa.

La investigación, llevada a cabo entre los años 2011 y 2012, destaca que el herbicida y su metabolito se concentran mayormente en los sedimentos de los cursos de agua que alimentan precisamente al Paraná.

Mediante testeos concretados en 23 puntos específicos del río en cuestión, el Paraguay y sus afluentes, los científicos ubicaron altas concentraciones del plaguicida sobre todo en el lecho de esas corrientes.

El monitoreo arrojó, contundente, que la contaminación más alta de glifosato corresponde al río Luján. También los resultados fueron alarmantes en los tramos del Paraná que comprenden a las provincias de Santa Fe y Entre Ríos. Para el equipo que llevó a cabo la experiencia, esto es consecuencia directa de las actividades agrícolas que se realizan en toda esa área del país.

En diálogo con quien aquí escribe, Marino explicó que el estudio “comenzó en el Pilcomayo y fue realizado en colaboración con Prefectura Naval, que aportó un buque. Se midieron todas las desembocaduras de los ríos que alimentan al Paraná”.

“La carga de glifosato aumentó sobre todo a partir de la zona centro de la provincia de Santa Fe, con concentraciones muy elevadas en afluentes como el arroyo Saladillo. Los niveles que medimos en muchos casos dieron más elevados que los constatados directamente en campos de soja”, enfatizó.

El estudio también detectó fuerte carga de glifosato y AMPA en canales y arroyos del sureste de la provincia de Buenos Aires. De acuerdo al trabajo, el 66 por ciento de las muestras de sedimentos registró una pauta elevada del plaguicida en esa área, mientras que ya en la medición hecha al agua el 35 y 33 por ciento de las tomas dieron positivo en glifosato y AMPA, respectivamente.

La investigación citada es la primera que se realiza en la cuenca del Paraná y, precisa el monitoreo, “los resultados revelaron una mayor concentración de estos compuestos en los tramos medio e inferior del río, por afluentes de regiones donde se hace agricultura intensiva”.

Según Marino, el inconveniente que origina esta concentración en el lecho del río y sus afluentes radica en el carácter anaeróbico del medio donde se acumula el glifosato.

“Se detectó sulfuro y el problema es que opera como un agente que no permite la degradación normal a través de microorganismos. La falta de oxígeno que origina el vínculo entre el glifosato y el sulfuro hace que el herbicida perdure en el tiempo. La ausencia de organismos que oxiden, derivada de esta combinación que hallamos en los lechos, hace que el glifosato siga acumulándose”, argumentó.

El científico sostuvo que buena parte de la incorporación del plaguicida a las aguas surge del escurrido de las lluvias que caen sobre los campos productivos.

“El glifosato es poco afín a permanecer en el agua, por eso lo detectamos muy poco en el centro del río. Pero sí se adhiere en el fondo, se acumula en el barro. En tanto los materiales tienden a movilizarse hacia las costas, entonces tenemos un lodo en tránsito que luego se aloja en las playas”, concluyó.

Esta copiosa presencia del herbicida que Monsanto creó hace más de cuatro décadas, directamente vinculado al cáncer en 2015 por organismos dependientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), no sólo enciende otra alarma sanitaria en torno a uno de los cursos de agua dulce más importantes de la Argentina.

Confirmada la contaminación del Paraná, con las consecuencias funestas que esto implica para quienes mantienen un contacto directo con su curso, el interrogante que asoma corresponde al resto de los ríos linderos a los territorios agrícolas. La permanente expansión de la frontera productiva inherente al cultivo de, principalmente, soja y maíz transgénico tolerante a glifosato, permite suponer que lo detectado en la segunda cuenca clave de esta parte del continente no resulta en absoluto un problema puntual y aislado.

Patricio Eleisegui

patricio.eleisegui@gmail.com

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